La codependencia es una enfermedad psicológica cuya característica principal es la falta de identidad propia. El codependiente pierde la conexión con lo que siente, necesita y desea para dedicarse al del otro

Las relaciones codependientes (apego afectivo) son relaciones adictivas que se alejan mucho del amor. La persona dependiente se diluye en la otra perdiendo de vista sus ideas, valores, proyectos, y, en definitiva, su individualidad.

No debemos confundir el amor con la dependencia afectiva. Es esto precisamente lo que ocurre en muchas relaciones de pareja, amistad, etc.  El miedo a la pérdida, al abandono y a muchos otros aspectos hacen nacer relaciones amorosas adictivas e, incluso me atrevería a decir, enfermizas.

En principio no hay nada de malo en amar a una persona hasta el punto de que se haría cualquier cosa por ella mientras que ese “hacer cualquier cosa por ella” no afecte de ninguna manera ni a la identidad de cada uno, ni a los principios, ni a las metas ni a lo que es cada uno esencialmente.

El apego, a diferencia del amor, se define como la inclinación, dependencia, afición o adicción hacia algo o alguien. Por ello, el apego (que forma relaciones codependientes) es una causa de sufrimiento porque esclaviza a las personas impidiéndoles ver la realidad; desde ese punto de vista, no hay apegos grandes o pequeños ya que todos son igualmente negativos. El apego es un sentimiento de pertenencia, posesividad, miedo e interés. Es el amor enfermo hacia la otra persona la que provoca la pérdida del norte de la propia vida a causa de estar pendiente del otro. Cuando sentimos apego respiramos el mismo aire de esa persona, queremos controlar lo que hace, dice y piensa, casi quisiéramos meternos en su propia piel para entender todo sobre la otra persona. Así, nos convertimos en un apéndice de la otra persona, perdiendo nuestra propia valía e independencia personal.

Recomendaciones para una codependencia. 

Si alguien se encuentra en una situación de apego afectivo sería importante:

1-  que buscara ayuda.

2.- Lo primero es reconocer que no existe una relación perfecta y mágica.

3.- Entender que dejar de depender no significa ser frío o indiferente, ni dejar las emociones de lado.

4.- Es aprender a vivir un amor que no esclaviza, es amar sin miedos, sin angustias y es tomar conciencia de que la persona amada es importante pero no es lo único que se tiene en la vida.

5.- Evidentemente, no se pueden controlar las vidas ajenas, sólo la propia.

6.- Para ello, hay que conocerse a uno mismo, aprender a decidir lo que se desea, lo que agrada y a tener actividades propias, ya que la pareja no es lo único que nos rodea.